viernes, enero 04, 2013

SAÚL GODOY GÓMEZ: ¿De qué marxismo hablamos?



¿De qué marxismo hablamos?


Por SAÚL GODOY GÓMEZ 
18, 2012

Latinoamérica se ha convertido en la esperanza del neo-comunismo universal, y Venezuela en la cuna de una supuesta revolución que debería ser ejemplo para el mundo de cómo se hace verdadera justicia social en paz y con mucho amor; pero los 150.000 muertos al año por la violencia, una economía prácticamente destruida y una pobreza rampante, donde mucha gente se acuesta sin comer, desdicen mucho del ejemplo que se pregona. Brasil es un monstruo industrial-tecnológico con un hambre voraz por capitales extranjeros; Chile es un Estado socialista corporativo que quiere parecerse más a Suiza que a un enclave Mapuche en la sierra andina; Argentina es una alocada puesta en escena del peronismo más kirsch que se pueda encontrar; Cuba es una gerontocracia parasitaria que va de regreso al capitalismo; pero, aparte de las loas que la revolución chavista inspira en actores de Hollywood, como Danny Clover y Sean Penn, que la refieren como la esperanza para el nuevo socialismo, el marxismo está muerto en esta parte del mundo, queda apenas un grupo de políticos oportunistas que todavía bailan alrededor de las fogatas del populismo, diciéndose marxistas, sin tener idea de qué se trata.

El marxismo clásico, duro, fundamentalista, que bebía de las fuentes de la doctrina pautada por Marx y Engels en el siglo XIX, murió de un infarto en 1950, cuando un Kruschev le develó al mundo los horrores del estalinismo, y posteriormente, cuando los tanques de guerra soviéticos aplastaron la revolución en Hungría, la tumba del marxismo se terminó de tapiar con los pedazos del muro de Berlín.

Los intelectuales de izquierda que quedaron, tenían en sus manos un marxismo fragmentado, que era utilitario para Lenin y Stalin, oportuno para los trotskistas, los fabianos, los maoístas, y que luego sufrió las metamorfosis del anarquismo, del evolucionismo y hasta del psicoanálisis, pues tratándose de una crítica al capitalismo que evolucionaba y se hacía más complejo, tuvieron que ajustar las visiones, es la famosa polémica de si el marxismo es un sistema cerrado o abierto.

Los intelectuales de la izquierda europea tuvieron que pactar con el postmodernismo para negar las evidencias del fracaso marxista en el mundo, utilizaron un arsenal epistemológico para asumir posiciones escépticas, subjetivistas, declararon que la raza humana solo podía vivir en confrontación permanente, entre clases, sexos y tribus… sin darse cuenta de que con ello negaban los postulados científicos de los que el marxismo original se valía, la calidad de sus argumentos, la dialéctica, la importancia de las evidencias.

Una nueva revisión del marxismo fue necesaria (recordemos que Gramsci, Marcuse y Lukács, entre otros, ya habían hecho las suyas), aparecieron una serie de pensadores “blandos” que trataron de explicar las nuevas tendencias, entre ellas la de la Tercera Vía, convivir con el capitalismo hasta que éste se derrumbe, o el Marxismo Social, un grueso engrudo de colectivismo y nacionalismo, o el Comunalismo Socialista, el rescate de las formas arcaicas de la comuna de París en nuevo envase y agradable olor; Hardt y Negri trataron de reescribir el manifiesto comunista para el siglo XXI con argumentos sacados de la Declaración de los Derechos Humanos; i ek va más allá, y pide restablecer el ideario marxista leninista como antídoto para combatir al imperio globalizado.

Ante el desbarajuste ideológico no es de extrañar la aparición de un marxismo bolivariano en Latinoamérica, con sus dosis de macumba y vudú, o las propuestas del argentino Enrique Dussel desempolvando frustraciones colonialistas, o las posiciones incendiarias de un neomarxista violento como el mexicano Jorge Veraza, un comecandela que trata de aplicarle maniobras de resucitación cardiopulmonar al cadáver marxista con base en obscuros conceptos de teoría, utopía e historicismo; debido a esta enorme confusión es que he escuchado de marxistas de la vieja escuela, maldiciones en contra de estos nuevos comunistas que están corrompiendo las mentes de los jóvenes con necedades que nada tienen que ver con el marxismo puro.

Debe ser muy duro para ellos ver a una China ofreciendo su población y territorio para que se establezcan industrias altamente contaminantes, con una mano de obra barata y quitándole a sus trabajadores el derecho de organizarse, para que occidente pueda gozar de sus iPad y celulares, o a una Grecia o a una España, que durante sus gobiernos socialistas, permitieron que sus trabajadores pagaran los errores de los banqueros que ellos promocionaron, o unos militares corruptos en Latinoamérica haciéndose pasar por marxistas y explotando al pueblo como capataces de haciendas del siglo XVIII, o esos neomarxismos aclimatados en África y el Medio Oriente que son causas de revueltas y guerras civiles por sus contradicciones fundamentales con el pensamiento islámico.

El marxismo se encuentra en una profunda crisis; cuando es llevado a la práctica, fomenta el totalitarismo y la represión, toma el poder y convierte el Gobierno en un enclave del capitalismo más salvaje, la estrategia que usan para desviar la atención de su propia desarticulación, es acusar y alertar al mundo sobre la crisis del capitalismo, que a pesar de todos sus errores e inconveniencias, es el sistema más apto para producir bienestar e igualdad en el mundo.

El marxismo se ha transformado, de una doctrina política en una religión, y cuando sus preceptos morales e históricos se derrumban, sus creyentes, o cambian sus maneras de pensar y actuar, o quedan al descampado, en total confusión, buscando redentores y líderes que de nuevo los conduzcan al paraíso perdido. Irremediablemente caen en manos de embaucadores, que se aprovechan de su miseria y los hunden más en el desespero.

saulgodoy@gmail.com


1 Comments:

At 2:14 a. m., Blogger José González said...

Es "raro" este comentario de Saúl.
Creo que si observamos la realidad alrededor del mundo y en Latinoamérica en especial, podemos ver a un marxismo/socialismo/fascismo renovado, adaptado a las nuevas circunstancias y a la época en que vivimos y para nada "en profunda crisis" como menciona Saul en su artículo.

Quizas Saúl nesecite nuevos espejuelos.

saludos

 

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