sábado, julio 19, 2014

José Prats Sariol sobre Cuba: Nepotismo revolucionario. Han surgido nuevas oportunidades para los hijos de papá del castrismo, que se extienden hasta Miami y más allá.


Nepotismo revolucionario

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Han surgido nuevas oportunidades para los hijos de papá del castrismo, que se extienden hasta Miami y más allá.
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Por José Prats Sariol
 Miami
18 Jul 2014

Aparecen nuevas formas de nepotismo revolucionario. Ya es viejo que Yasnay trabaja en la gerencia de un hotel habanero, Frank en el nuevo puerto del Mariel, Magie en la aduana, Enrique en el Consejo de Estado... Se sabe que los hijos de mamá y papá —la cúpula militar y partidista— no tienen problema para obtener lo que hay. Pero han surgido otras oportunidades.

Bien se han encargado padres, familiares y amigos íntimos del intercambio: hoy por ti y mañana por mí, un clavo saca otro, la familia es la familia... Lo mismo para trabajo que para entrar a los Camilitos, vacaciones —todo incluido— en Jardines del Rey o autos chinos, adjuntos salariales en CUC y laptops, boletos para Tropicana o tarjetas prepagadas, celulares y acceso libre a internet... Ahora, sin embargo, aspiran a otros privilegios.

Se sabe, se acepta como habitual la sobrevivencia del amigo de sus amigos: el dentista les reserva la amalgama donada por Suiza, el psiquiatra más turnos a la viuda, el dueño del paladar una mesa de cortesía, el del Bufete Colectivo la documentación que legaliza... Pero lo nuevo va por otro lado.

Claro, favorecer a parientes y amigos es una herencia universal, tan vieja como los primeros caciques y brujos. Su lozanía, para los cubanos heredada de España —donde pervive escandalosamente—, es consustancial a la especie. Sin embargo, en nuestro triste país apenas es una astilla del madero castrista. Lo que aumenta sus daños sociales, sobre todo los morales como hábito —"normal", dicen— de corrupción. Porque más pastoso en Cuba que su papá el caudillismo y su mamá unipartidista, el nepotismo también asola la vida en la Isla.

Para colmo, en 2014 ha obtenido otras fuentes para fortalecerse, vigorizarse. Se trata de los viajes a los Estados Unidos, España y Venezuela, con una cuota menor a México y otros países latinoamericanos y europeos.

Al parecer todo empezó por los médicos y técnicos de la salud, con sus misiones al extranjero pagadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuya directora, por cierto, acaba de estar en La Habana, de reunirse con Raúl Castro y de elogiar al régimen... Había y hay misiones más misiones que otras. Y ahí entró el nepotismo estatalizado: en Venezuela, no es lo mismo estar de médico en un hermoso pueblo como Tovar, en Mérida de los Andes, que en una favela caraqueña. Y así. Basta un ejemplo, agrandable.

Pronto la elite que detenta el poder supo adueñarse de las misiones internacionalistas, favorecer, privilegiar aquí o allá, en Luanda o en Quito, en San Salvador de Bahía o en Antigua. Yasnay, hija del general tal, para el puesto médico de Miraflores; Yusleidi, hija de un trabajador de los muelles, para el alto Orinoco, con los pasos perdidos porque además es negra, zona oculta del nepotismo.

¿Y dónde entran los Estados Unidos? Un visitante holguinero me acaba de enunciar algunas dádivas, a partir de las visas de entradas múltiples: permisos laborales también de múltiples entradas, por tiempo fijado por el viajero; entrada por aduana como si fuera un viaje de trabajo, con impuestos para el televisor de pantalla plana en pesos cubanos. A lo que siempre se añade la selección de delegaciones artísticas, culturales o deportivas con el añadido nepotista, como ocurre con los invitados por LASA a sus congresos anuales. Más, hacia adentro, la atención a excursionistas académicos, contactos que aparte del negocio —días de tres comelatas y tragos, más lo que se pega— abren posibilidades para recibir semestres de visitantes, giras, dolaritos más verdes que un poema de García Lorca.

Este mercado, desde luego, es hoy por hoy uno de los más feroces, despiadados, hasta perverso. Miami o Nueva York implican un nepotismo cinco estrellas. Y a otro nivel, presumible pero real, campo para discretas inversiones, desde casas hasta acciones a través de familiares, que gustosamente sirven de testaferros para dinero proveniente de no se sabe cuál negocio de Corporación Gaviota o vaya usted a saber cuál empresa mixta o banco de bolita.

Lo mismo, salvando las distancias, ocurre en países europeos, incluyendo la Rusia actual o antiguos países de la esfera soviética: República Checa, Rumanía, Polonia. Aunque el flujo tenga a España como capital. Con el añadido de que allí hay becas para estudios universitarios en Berlín o París, excelentes para nietos de apellidos ilustres, para formar bien a los futuros dirigentes.

Otro tanto, a menor escala, se extiende desde Ciudad de México hasta Río de Janeiro, con escalas en Panamá —zona franca— y hasta Buenos Aires, sin excluir las permisivas islas caribeñas, con sus paraísos fiscales en breve vuelo directo desde Baracoa, al oeste de La Habana.

Pero el plato más apetecible está en el imperio revuelto y brutal, donde radicamos nueve de cada diez cubanos exiliados, lo que implica decisivas relaciones familiares, elite incluida con hijos y nietos. Y donde, mañana o pasado mañana, cuando el castrismo y el embargo desaparezcan, se consolidará para siempre la interdependencia.

El canon, la vara para medir el nepotismo cubano, tiene muchas muescas. Las más altas hasta con vínculos mafiosos, las nuevas en el extranjero. Solo aquí crecen, compañeros. Solo aquí se libra esta nueva batalla gloriosa de la revolución.