martes, septiembre 02, 2014

ISIS. El Estado Islámico de Irak y Siriatiene la firme voluntad de reconquistar España en nombre del Islam. La reconquista de Al Andalus, entre la mística y la historia.

Tomado de http://www.elblogdemontaner.com

La reconquista de Al Andalus, entre la mística y la historia


Por Arturo R. López-Abadía
Historiador español.
31 de agosto de 2014


El Estado Islámico de Irak y Siria tiene la firme voluntad de reconquistar España en nombre del Islam. Veamos los orígenes de esta fijación más mística que política práctica.

2 de enero del año 1492: tras siglos de conflicto por el territorio peninsular y años de guerra, el último bastión musulmán de la península Ibérica se rinde ante los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, con la presencia de Cristóbal Colón siempre cerca de la reina. La Reconquista de la península por parte de los cristianos ha terminado y el rey Mohamed XII parte al exilio en Fez. Así concluye el capítulo de la historia musulmana en España, que había comenzado con la invasión de Tariq ibn Ziyad en el año 711.

España, o como conocían (y aún conocen) los musulmanes más fervientes esa tierra, Al Andalus siempre ha tenido un significado especial para los moros o más propiamente los musulmanes, pues fue donde se refugió el único superviviente de la dinastía Omeya cuando se vio forzado a huir de Damasco, y donde siglos más tarde se establecería el Califato de Córdoba.

Fue Al Andalus tierra de tolerancia entre las tres religiones del libro, cristianos, judíos y musulmanes, y en tiempos del califato florecieron las artes y las ciencias, aportando al acervo cultural europeo sus grandes conocimientos de álgebra, geometría, astronomía, hidronomía y medicina. La tierra que fue mora durante más de siete siglos, dejó de serlo; pero los musulmanes más fanáticos todavía consideran una misión sagrada la restauración del dominio del Islam hasta su punto de máximo apogeo, cuando las banderas de la media luna ondeaban desde Uzbekistán hasta los el norte de España.

Valga para ilustrar este punto una pieza de la indumentaria tradicional árabe. Los jeques y emires lucen sobre sus cabezas unas tocas blancas ceñidas a sus sienes por una o más cintas negras. Estas cintas tienen ese color para representar el luto por la pérdida de Al Andalus, para que siempre pese sobre su cabeza la responsabilidad de restaurar el orden de los califas Omeyas y Abasíes.

A día de hoy, pensar en una nueva cruzada nos puede parecer anacrónico, más propio de la Edad Media que de los tiempos que corren; sin embargo, la jihad avanza a pasos agigantados gracias a grupos como los muyahidines, talibanes, o el Estado Islámico de Irak y Siria. No hablamos de guerras por el dominio de naciones ricas en recursos naturales, causa principal y más comprensible de la mayoría de las guerras que ha visto el mundo. Se trata de una guerra religiosa movida por una fe ciega y la convicción de que los que no sigan la fe de Mahoma merecen ser aniquilados o ver conculcadas sus creencias en nombre de la única fe verdadera.

Ante un escenario como éste nada puede hacer la razón, pues quien lucha convencido de que su causa está motivada por un ser de naturaleza no humana no atenderá a motivos que salgan de la mente de simples mortales. Ellos responden sólo ante la autoridad divina, que es quien les ordena cometer todas sus atrocidades, funcionando simultáneamente como causa y justificación: Deus vult, invocaban los cruzados en los siglos XII y XIII; Inch’Allah, claman ahora los guerreros musulmanes.

Pero volviendo al tema de la fijación con la reconquista de Al Andalus, de lo que se trata es de restablecer el orden pasado que nunca debió haber sido subvertido.

Curiosamente, cuando la reconquista cristiana de España tocaba a su fin y el Reino Nazarí de Granada agonizaba ante la presión de las superiores tácticas castellanas, los reyes de Granada no vieron respondidas sus peticiones de auxilio hechas a otros soberanos musulmanes como el sultán de Fez o el sultán otomano de Constantinopla, este último poseedor de un ejército y una marina de gran poder, temida por todo el Mediterráneo y que podía haber puesto en serios aprietos a los ejércitos de Castilla.

¿Por qué si en su momento no movieron un dedo por salvar el último reducto musulmán de España, se empeñan ahora en la dialéctica de la reconquista necesaria? Si en su momento histórico pertinente no quisieron hacer nada por salvar a sus hermanos musulmanes de Granada, no parece este el momento de fijaciones místicas por reconquistar esa especie de paraíso perdido que piensan que es Al Andalus. Una guerra religiosa es, de por sí, un anacronismo; pero si además le sumamos que, cuando pudieron, no quisieron, esta nueva situación toma tintes de farsa, como dijera en su momento Karl Marx en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte.

La historia sucede siempre dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. Que comience la función.